El desinterés por el entrenamiento mental que publicamos la semana pasada, ha tenido una grata consecuencia en forma de segunda parte, que se presenta aún más interesante que la primera y que finalizará con una tercera parte.
Permítannos que vayamos directamente a él, en el que nuestro Coach Mental de referencia Francisco González nos explica qué pensamientos nos pasan a los jugadores por la cabeza y cuales de ellos son positivos o negativos.
Esperamos que os guste.
El desinterés por el entrenamiento mental. Por Francisco González.
El golfista amateur no rechaza necesariamente el entrenamiento mental, rechaza una solución cuya necesidad todavía no percibe, cuyo beneficio le cuesta visualizar y cuyo lenguaje tradicional no conecta con su experiencia cotidiana en el campo.
Analicemos el comportamiento del golfista amateur ante el entrenamiento mental y veamos sus principales barreras mentales, a la vez que les invito a identificar aquellas que pudieran tener.
Mi problema es técnico
Es probablemente la barrera número uno. El jugador hace un mal golpe y atribuye la causa al swing: estoy levantando la cabeza; estoy entrando demasiado por fuera; necesito mejorar el juego corto. Nunca atribuye el error a: tenía miedo de tirarla al agua; dudé si tirar a la derecha; no me comprometí con la decisión.
Incluso cuando el patrón real es claramente emocional o atencional el golfista amateur generalmente atribuye el error a una causa externa o técnica del problema, de manera que la ventaja de esa explicación es que proporciona una sensación de control. Si el problema es el swing, existe un ejercicio que puedo hacer.
El problema mental es mucho menos tangible y el jugador intenta solucionar con técnica problemas que a veces aparecen únicamente bajo presión, después de un error o cuando está pendiente del resultado.
Yo ya sé jugar, lo que me falta es jugar mejor
Esta es una barrera especialmente frecuente en jugadores de nivel medio. El jugador considera que el entrenamiento mental es algo para: profesionales, jugadores competitivos y muy buenos o juniors.
No entiende que las habilidades mentales no son una intervención para cuando existe un problema grave, son habilidades de rendimiento. Un hándicap 25 y un hándicap 5 pueden necesitar entrenamiento mental, pero probablemente para cosas diferentes.
Por ejemplo, el primero puede necesitar: gestión de la frustración, control de la atención o rutinas. El segundo puede necesitar: gestión de la presión, gestión de las estrategias o control de expectativa.
Yo soy así
Esta es una barrera peligrosa para el rendimiento deportivo: Es que soy muy nervioso; tengo mucho carácter; cuando me enfado, me enfado; siempre he sido muy negativo; soy muy competitivo.
Pero todo eso son conductas y no son una característica de la personalidad y no olvidemos que las conductas son modificables. Desde el punto de vista mental o psicológico resulta muy cómodo creerse esas conductas porque elimina la necesidad de cambiarlas. Si soy así entonces no hay nada que entrenar.
No se es necesariamente una persona nerviosa, negativa o competitiva pues normalmente puede tratarse de haber aprendido determinadas respuestas ante determinadas situaciones. Y aquello que se aprende puede modificarse.
El resultado proporciona una falsa sensación de causalidad
Un jugador hace 82 y al día siguiente hace 91 de modo que busca una explicación: ¿cómo puede ser si ayer estaba pegándole muy bien?. Quizá el swing haya sido prácticamente igual pero lo que cambió pudo ser: sueño; estado emocional; expectativas; viento; decisiones; atención; paciencia; respuesta a los errores.
El golf tiene una enorme variabilidad estadística y eso hace que el jugador pueda atribuir incorrectamente el resultado a una causa concreta, lo que dificulta todavía más la valoración del entrenamiento mental.
Una sesión de entrenamiento mental no garantiza bajar cinco golpes mañana pero puede aumentar la probabilidad de ejecutar mejor determinadas conductas durante muchas vueltas. El beneficio, por tanto, es probabilístico y acumulativo, no necesariamente inmediato.
En el próximo y último post de la serie expondré las restantes barreras a las que se enfrenta el golfista amateur que le impiden entender y reconocer el auténtico valor que tendría en su juego el entrenamiento mental. Hasta entonces.
El desinterés por entrenar, sea el deporte que sea, siempre es preocupante. Si hablamos de desinterés por entrenar la faceta mental en golf, es sinónimo de problemas a gran escala.
Nuestro Coach Mental de referencia Francisco González nos explica en este post cómo evitar y cuáles son las causas de que aparezca esta apatía por entrenar algo que muchos entendidos lo ponen como más del 60% de nuestro juego.
Esperamos que os guste.
El desinterés por el entrenamiento mental. Por Francisco González.
¿Cuál es la razón o el motivo del desinterés general del golfista amateur por el entrenamiento mental?
Desde mi visión personal y después de casi diez años de dar y brindar ese entrenamiento e instrucción, creo haber encontrado una respuesta que supone una explicación más profunda que la simple idea de que una mayoría de amateurs no estén interesados en la psicología del golf, pues el problema no está en el valor que la misma pueda tener, sino en cómo el golfista amateur interpreta el problema que tiene.
Y estas son, para mi, algunas de las paradojas de ese aparente sin sentido.
El amateur sabe que lo mental importa… pero no lo considera entrenable.
Pregúntale a un golfista después de una vuelta qué le pasó en un hoyo concreto y te dirá: me puse nervioso, me enfadé, me precipité, pensé en el resultado… es decir, sabe perfectamente que tuvo un problema mental, pero cuando le propones entrenarlo su respuesta es: yo lo que necesito es mejorar mi swing.
El swing se percibe como una habilidad concreta, objetiva y legítima de entrenar. La atención, la gestión emocional, la autoconfianza, la toma de decisiones, la concentración, la rutina pre-shot o la aceptación del error se perciben muchas veces como algo intangible, casi sólo como una cuestión de “tener cabeza”.
Por tanto, el jugador no piensa: Tengo una carencia de habilidades psicológicas que debería entrenar, sino que piensa: tengo un problema con mi golf y busca una solución técnica.
Entrenar la mente obliga a asumir responsabilidad
Normalmente a todos nosotros nos resulta incómodo aceptar la propia responsabilidad. Si mi swing es malo, puedo decir: mi swing es malo. Si mi material no es bueno: necesito mejores palos. Si el campo está complicado: el campo estaba imposible. Si el viento era fuerte: hoy hacía demasiado viento.
Pero si hablamos de habilidades mentales, aparece una pregunta mucho más incómoda: ¿Qué estoy haciendo para remediar lo que está ocurriendo? y eso implica responsabilidad, no culpabilidad sino responsabilidad.
El viento no está bajo mi control. Un mal bote tampoco. El resultado tampoco completamente, pero sí puedo entrenar mi respuesta ante esas y otras muchas cuestiones. Todo eso es intelectualmente muy sencillo, pero psicológicamente bastante más exigente.
El amateur no percibe el coste de sus errores mentales
Probablemente ningún jugador amateur calcula cuánto le ha costado un error mental. Imaginemos a un jugador hándicap 18 que pierde: un golpe por una mala decisión; otro por precipitarse después de un error; otro por intentar recuperar inmediatamente; otro por desconectarse después de un doble bogey; otro por perder la concentración en un putt; otro por enfadarse e insultarse por tirar una bola al agua.
Serían seis golpes. Sin embargo, probablemente salga del campo diciendo: tengo que mejorar el approach. Es decir, no existe una contabilidad mental del coste de las decisiones y emociones. Y lo que no se mide tiende a infravalorarse.
Puede que los amateurs no es que no quieran entrenamiento mental es que no saben que lo necesitan.
Y verdaderamente se trata de cuestiones muy diferentes. Si alguien no conoce una necesidad, no la busca. Un golfista puede buscar: profesor de swing; fitting de palos y bolas?; clases; preparación física; material; análisis de TrackMan; vídeos; drills y ejercicios… y todo ello porque el ecosistema del golf le ha enseñado que esas cosas mejoran su juego, pero ¿Quién le ha enseñado sistemáticamente que también puede entrenar la respuesta emocional después de un mal golpe? ¿Quién le ha explicado que la concentración no es una cualidad que “se tiene o no se tiene” sino una habilidad que puede entrenarse? ¿Quién le ha enseñado que una rutina pre-shot es una herramienta de autorregulación? ¿Quién le ha demostrado cuánto le cuestan en golpes sus pensamientos durante una vuelta?
Es mi opinión personal y experiencial. Creo sinceramente que el golfista amateur debería llegar a una conclusión importante: necesito entrenar mentalmente si quiero mejorar.
La Incertidumbre rodea siempre al golf, que es un deporte con dos aspectos muy importantes, el técnico y el mental, donde cada vez más entendidos en la materia dan mucha más importancia al entrenamiento de este último.
Nuestro Coach Mental de referencia Francisco González nos explica en este post cómo “jugar” con la incertidumbre en vez de tratar de eliminarla.
Esperamos que os guste.
Nos hemos obcecado en convertir todos los ámbitos básicos y esenciales de nuestra vida, en un empeño por la eficiencia y la productividad. Queremos un mundo sin procesos, sin amor, que todo sea previsible, y lo estamos consiguiendo. La competición ha devorado al juego. (Jorge Dioni, periodista y escritor).
Convivir con la incertidumbre
En mi libro “El Entrenamiento Mental en Golf” digo que el golf es el juego de la incertidumbre y que concentrarse en el resultado y sobre lo que no se tiene control es perjudicial para el rendimiento, por lo que es fundamental centrarse en el proceso.
El golf puede entenderse como un deporte en el que la incertidumbre no es un accidente del juego, sino una de sus condiciones esenciales.
El jugador puede decidir la rutina, el objetivo, la estrategia, la selección de palo, la visualización y el movimiento pero el resultado final no está enteramente dentro de su esfera de acción y además, en el golf, la incertidumbre no aparece después del golpe, está presente antes de ejecutarlo.
El sufrimiento del jugador no procede tanto de la incertidumbre como de su resistencia a aceptarla.
El jugador quiere saber antes de golpear que la bola irá donde pretende. Pero esa certeza no existe. Cuando intenta conseguirla mentalmente, suele aparecer el exceso de control:
– ¿Y si fallo?
– Tengo que hacer birdie
– No puedo volver a hacer bogey
– Necesito que este putt entre
– Tengo que hacer un buen swing
El problema no es pensar en el resultado en sí. El problema es tratar el resultado como si pudiera convertirse en una variable bajo control mediante el pensamiento.
El golf no exige eliminar la incertidumbre, sino jugar correctamente dentro de ella.
Un jugador mentalmente fuerte no es aquel que consigue sentirse seguro antes de cada golpe. Es aquel que puede actuar con calidad sin necesitar sentirse seguro y eso cambia radicalmente el concepto de confianza.
La confianza no sería: Sé que voy a ejecutar bien, sino: No sé qué va a ocurrir, pero sé cómo quiero afrontar lo que ocurra. Es una distinción importante. La primera necesita certeza sobre el futuro. La segunda sólo necesita confianza en la propia capacidad de respuesta.
La incertidumbre hace que el golf sea un juego de decisión, no solamente de ejecución.
Incluso antes del swing hay incertidumbre: ¿Driver o madera? ¿Atacar la bandera o jugar al centro? ¿Dónde está realmente el peligro? ¿Qué efecto tendrá el viento? ¿Cuánto rodará la bola? ¿Qué lie encontraré?
Por tanto, el golfista no controla el resultado, pero sí puede gestionar probabilidades, por eso el buen jugador no juega con certezas, juega con probabilidades y esto permite diferenciar dos mentalidades:
Jugador orientado al resultado: Quiero que ocurra X Jugador orientado al proceso y la probabilidad: ¿Qué decisión aumenta las posibilidades de que ocurra X y reduce el coste de que no ocurra?
Se trata de hacer todo lo que dependa de uno sabiendo que eso no garantiza el resultado.
El golf exige tomar decisiones y ejecutar acciones cuyo resultado no podemos conocer de antemano y por eso, la fortaleza mental en golf no consiste en conseguir certeza sobre lo que va a suceder, sino en desarrollar la capacidad de rendir bien sin necesitar esa certeza.
Esto tiene una consecuencia respecto a la concentración pues quizá el problema de “concentrarse en el resultado” no sea que el resultado sea malo como objeto de atención en términos absolutos, sino que el problema sea que el resultado pertenece al futuro y, por tanto, introduce una variable que el jugador no puede controlar.
La atención funciona mejor cuando está estrechamente vinculada al presente.
No puedes controlar:
– dónde termina exactamente la bola
– el bote
– el viento que habrá dentro de dos segundos
– si entra el putt
– qué score tendrás al terminar
Sí puedes controlar:
– dónde decides apuntar
– qué objetivo eliges
– tu rutina
– tu decisión
– tu compromiso con el golpe
– la calidad de tu atención
– tu respuesta al resultado
Jugador de proceso
Y en esto consiste ser un jugador de proceso y no de resultado, en prestar atención a lo que realmente puedes hacer y que te puede dar la mejor oportunidad de obtener el resultado que deseas.
La incertidumbre no es un problema que como golfista debas resolver. Es la condición que debes aprender a habitar pues no necesitas saber qué va a ocurrir para jugar bien. Necesitas saber qué hacer cuando no sabes qué va a ocurrir.
Que existe una relación directa entre neurociencia y golf es evidente. Cada vez más jugadores le dan una importancia elevada al entreno mental.
Nuestro Coach Mental de referencia Francisco González nos explica en este post qué partes de nuestro cerebro se activan en cada momento y qué sucede a nivel de ondas y frecuencias cerebrales.
Esperamos que os guste.
En los próximos 4 post les hablaré del uso del neurofeedback en golf (con mis alumnos/as utilizo dispositivos de encefalografía EEG que miden las ondas cerebrales del jugador en tiempo real) y les propondré ejercicios prácticos para conseguir estar en un estado mental que favorezca su mejor juego y rendimiento. Empecemos.
Las frecuencias cerebrales (u ondas cerebrales), como saben, son patrones de actividad eléctrica generados por millones de neuronas comunicándose entre sí. Se miden en Hercios (Hz) o ciclos por segundo y varían según nuestro nivel de alerta, pensamiento y descanso. Veamos someramente tales frecuencias.
Ondas Delta (0.5 – 4 Hz)
Estado mental: Sueño profundo y reparador (sin sueños).
Función: Es la onda con mayor amplitud y menor frecuencia. Es crucial para la restauración del cuerpo, la segregación de la hormona del crecimiento y la sanación del sistema inmunitario.
Ondas Theta (4 – 8 Hz)
Estado mental: Relajación profunda, meditación, fases de sueño ligero (fase REM) y estados de vigilia previos al sueño o al despertar. Función: Conectadas con la memoria profunda, la intuición, la creatividad y el acceso a los contenidos del subconsciente.
Ondas Alpha (8 -12 Hz)
Estado mental: Calma relajada pero alerta, mente en reposo y meditación ligera. Función: Actúan como un puente entre el consciente y el subconsciente. Aparecen cuando cerramos los ojos o nos desconectamos del entorno exterior para relajarnos. Ayudan a reducir el estrés.
Ondas Beta (12 – 30 Hz)
Estado mental: Estado de vigilia normal, pensamiento activo, atención consciente y resolución de problemas cotidianos. Función: Se subdividen en tres rangos: Beta baja(12-15 Hz): Donde se sitúa el SMR (estado de calma concentrada). Beta media (15-20 Hz): Pensamiento lógico y procesamiento de información externa. Beta alta (20-30 Hz): Estados de mucha agitación, estrés, miedo o ansiedad.
Ondas Gamma (30 – 100Hz)
Estado mental: Máximo rendimiento cognitivo, alta concentración y procesamiento de tareas complejas. Función: Son las ondas más rápidas. Están vinculadas a los momentos o “destellos» de genialidad, la unificación de la información de diferentes sentidos en una sola experiencia y estados de compasión profunda (observados en meditadores expertos).
Perfil de las ondas cerebrales en el rendimiento deportivo
En el deporte, cada tipo de onda cerebral se entrena o modula para diferentes propósitos. Mientras que las ondas SMR (Beta baja: Ritmo Sensoriomotor) se enfocan en optimizar el control motor fino y la atención sostenida sin estrés, las ondas Alfa se usan para lograr un estado de relajación mental y calma bajo presión y las Beta media para la concentración, rendimiento cognitivo y trabajo mental sostenido. Veamos cada una de ellas.
Ondas Alfa (8 – 12 Hz)
Función principal: Están vinculadas a un estado de relajación despierta. Representan la «calma atencional”en donde el cerebro está relajado pero alerta. Uso deportivo: Se utilizan en golf (y prácticamente en cualquier deporte) para manejar la presión competitiva. Los deportistas de élite muestran mayores niveles de ondas Alfa en reposo previo a la acción, lo que les ayuda a mantener la estabilidad emocional y reducir el estrés.
Función principal: Se asocian con el control motor fino, la calma corporal y la concentración estable sin estrés. Uso deportivo: Son críticas en disciplinas que exigen puntería o precisión milimétrica, como es el caso del golf. Un aumento en las ondas SMR precede a un mejor rendimiento, ya que suprimen el pensamiento errante, disminuyen la ansiedad y permiten al golfista ejecutar el golpe de forma automática y fluida.
Ondas Beta media (15 – 20 Hz)
Función principal: Son ondas relacionadas con la atención focalizada, análisis y toma de decisiones, resolución de problemas y control consciente del movimiento. Uso deportivo: Antes de la acción son muy útiles para analizar el campo, elegir el palo adecuado, evaluar viento y distancias, diseñar una estrategia, elegir el golpe y el palo.
En resumen podríamos decir que las SMR actúan como un filtro que elimina la hiperactividad y el estrés, traduciéndose en pulsos físicos más estables. Las ondas Alfa actúan como un escudo emocional, permitiendo al golfista mantener la claridad mental y la confianza frente a la presión y las ondas Beta media evitan la desconexión mental y favorecen el procesamiento activo, atención dirigida y ejecución consciente de tareas, todo ello antes del movimiento.
Un ejemplo práctico:
Un golfista debe pasar por tres estados:
Fase Actividad cerebral dominante
Análisis del golpe Beta media
Preparación inmediata Alfa estable + SMR
Ejecución del swing Menos control consciente, automatización motora
En el próximo Post les expondré cómo es el entrenamiento en Neurofeedback con dispositivos EEG y por qué es clave en el golf ese tipo de entrenamiento. Hasta la semana próxima.
Ante la cada vez más frecuente utilización por parte de los clubes de tarjetas electrónicas en las competiciones, la RFEG establece los siguientes requisitos para la utilización de las mismas para la recogida de los resultados de los jugadores en competiciones oficiales:
1. Se debe mantener la misma filosofía que tienen las tarjetas físicas: un marcador anota los golpes del jugador y dispone de un lugar donde anotar los suyos propios.
2. Antes de entregar la tarjeta al Comité de la Prueba, los jugadores deben poder comprobar que los resultados anotados por el marcador y por el jugador, coinciden.
3. En caso de discordancia entre lo anotado por el marcador y el jugador, deberán llegar a un acuerdo sobre el resultado correcto y la tarjeta que contenga el error deberá ser corregida desde el dispositivo original. Es decir, el jugador no podrá bajo ningún concepto, corregir desde su dispositivo los golpes anotados por el marcador y viceversa.
4. Mientras se mantenga la discordancia en algún hoyo, habrá que acudir al comité de la prueba para aclarar dicha discordancia y poder validar la tarjeta .
5. La entrega de la tarjeta requiere de la validación tanto del jugador como del marcador (equivaldrá a la firma en una tarjeta física). En el momento de la validación se deberá avisar que este proceso inicia el proceso de entrega de la tarjeta y que una vez acabado el mismo, ni el marcador ni el jugador podrán cambiar los resultados anotados.
6. Una vez tanto el marcador como el jugador, validan la tarjeta esta se considerará entregada al Comité de la Prueba.
7. En caso de que se encuentre un error una vez entregada la tarjeta, la única posibilidad de corregirla será poniéndose en contacto con el Comité de la Prueba, el cual, independientemente de las acciones que deba de tomar de acuerdo a las Reglas de Golf y las Reglas del Sistema Mundial de Hándicaps, podrá corregir la tarjeta a través del programa de gestión de competiciones.
Además de lo anteriormente mencionado, los clubes que utilicen tarjeta electrónica para sus competiciones deberán tener en cuenta que:
La potestad de poder utilizar tarjetas electrónicas es del Comité de Competición que lo deberá incluir en las Condiciones de la Competición.
El club no puede imponer el uso obligatorio de la tarjeta electrónica a menos que disponga de dispositivos propios para que lo utilicen los jugadores que no quieran utilizar el suyo propio.
En cualquier caso y ante la posibilidad de que un jugador no pueda utilizar el dispositivo electrónico durante la vuelta (rotura, mal funcionamiento, agotamiento de la batería, etc) deberá disponer de tarjetas físicas, las cuales deberán entregarse a la manera tradicional (todos los resultados anotados y firmadas por marcador y jugador).
Los clubes deben cumplir con la obligación de mantener las tarjetas durante al menos un año. En el caso de las tarjetas electrónicas deberán mantener almacenadas de manera informática, tanto el resultado finalmente entregado, como el registro de la validación del marcador y del jugador (licencia del marcador, del jugador y marca temporal: fecha y hora con segundos) y si hubiera habido alguna modificación por parte del Comité de la Prueba posterior (usuario del club y marca temporal).
Al igual que con las tarjetas físicas, el Comité de la Prueba debe cumplir con el requisito del envío de los resultados en la misma fecha en que se jugaron.
Lo cierto es que cada vez en más torneos se usa la tarjeta electrónica, lo que permite un mejor control del torneo, tanto por los organizadores como por el resto de jugadores participantes.
No es lo mismo jugar a ciegas que saber exactamente lo que están haciendo tus compañeros competidores, ya sea para intentar ganar o quedar lo más alto en un torneo, como para intentar pasar un corte en un torneo de más de un día.
Otro factor a tener en cuenta es la información que proporciona a los jugadores y público en la Casa Club. Hemos estado presentes en torneos que se jugaban con tarjeta electrónica y casi siempre en la cafetería del club, una pantalla iba dando información de los resultados en vivo, lo que conseguía que los jugadores se quedaran hasta la entrega de trofeos y el consumo de comida y bebidas aumentara considerablemente.
La tarjeta electrónica ha venido para quedarse, lo que nos obliga a estar familiarizados con ella y dominar su funcionamiento, aunque aún haya algún jugador que en el tee del primer hoyo exija su tarjeta física. ¿Llegará el día en el que sea obligatorio su uso?
¿Has notado que al llegar a la última parte del recorrido tus resultados empeoran sin saber por qué? ¿Cuando ves tus estadísticas compruebas que en el último tercio de la vuelta los bogeys, doblatas o peores aparecen más a menudo que en los primeros hoyos? ¿Quieres solucionarlo? Nuestro Coach Mental de referencia Francisco González nos explica en este post por qué nos sucede esto y cuáles son las soluciones, para que aporta un concepto que son las herramientas biológicas.
Esperamos que os guste.
Herramientas biológicas de la condición mental en golf. Por Francisco González.
El golf es un deporte de larga duración e intensidad baja/moderada que, desde el punto de vista físico y fisiológico, requiere de actividad aeróbica regular (si se hace andando), movilidad del core, brazos y piernas así como de una adecuada eficiencia cardiovascular.
Qué requiere la función cognitiva
A lo largo de los años el golfista amateur, por término medio, ha ido desarrollando una mejor calidad técnica y física pero no ha reparado decisivamente en la necesidad de incorporar a su preparación deportiva el entrenamiento mental y, sobre todo, algo a lo que no le suele prestar mucha atención y que resulta fundamental: las herramientas biológicas de la condición mental.
El golf en general pero más aún el competitivo, cualquiera que sea su nivel, no exige al golfista amateur mucho desde la perspectiva metabólica pero sí que lo hace desde el punto de vista de la función cognitiva sostenida en donde la hidratación, la glucosa disponible y los electrolitos tienen mucho más impacto del que suele creerse.
Qué se está haciendo mal
En los últimos años algunos de mis alumnos y alumnas me han demandado una formación más exigente en sus habilidades mentales (concentración, foco, control emocional, capacidad de decisión y otras) para mejorar su rendimiento pero, al analizar sus planes de juego durante las vueltas competitivas, he podido convencerlos de que sus déficits competitivos no radicaban tanto en sus habilidades mentales como en una deficiente hidratación y nutrición perjudicial para sus capacidades cognitivas.
Una mayoría de golfistas amateurs, tanto en sus rondas sociales como competitivas, limitan su ingesta alimenticia a un poco de agua a lo largo del recorrido y a un refrigerio a mitad de la vuelta (café, leche, cerveza, refrescos de cola o frutas, bocadillos, bollería, y a veces un plátano) convencidos de que con ello pueden rendir adecuadamente. Nada más lejos de la realidad.
En el golf la caída cognitiva con este tipo de hábito produce: deshidratación, disminución progresiva o rápida de glucosa, fatiga del sistema nervioso y pérdida de sodio por agotamiento muscular, síntomas todos ellos cuyos efectos suponen una bajada del rendimiento y del buen juego, así como pérdida de las habilidades mentales que requiere el golf: la concentración, el control emocional, la lectura de los greenes, la coordinación fina, la paciencia, energía mental en los hoyos finales y la toma de decisiones.
Claves del rendimiento mental
No se trata de alimentarse para competir sino de mantener durante 4 o 5 horas: hidratación estable, glucosa cerebral constante, claridad mental, estabilidad neuromuscular y evitar tanto deshidratación como sobrehidratación para mantener, en el mejor nivel, las funciones cognitivas y las habilidades mentales.
A modo de sugerencia y simple consejo estas son algunas de las pautas generales que la medicina deportiva y la neurociencia deportiva sugieren para el mantenimiento de las funciones cognitivas en el golf.
Especialmente en los hoyos 1 a 6 pero también durante el resto de todos los hoyos: combinar el beber agua y agua con electrolitos (sodio, potasio, magnesio y glucosa) en pequeños sorbos. En los hoyos 7 a 9: aportar, además de la hidratación, pequeñas cantidades regulares de plátano o frutos secos naturales (sin sal). En los hoyos 10 a 12: hidratación, pequeño sándwich o fruta/nueces, café ligero. Muy importante, en los hoyos 14 a 18: dátiles o plátano y bebida con electrolitos.
En mi experiencia personal observo como bastantes golfistas amateurs se enfadan y se frustran cuando su rendimiento no es el que esperan o desearían, pero también puedo observar que, por lo general, esos mismos golfistas pueden hacer una vuelta completa de 18 hoyos prácticamente sin beber una sola gota de agua y sin comer alimento alguno o bien comiendo alimentos no adecuados para las funciones cognitivas.
Igual es el momento de replantearse algunos hábitos y costumbres y prestarle atención a la hidratación y nutrición que se consume. Puedo garantizarle que siguiendo las pautas que he expuesto no tiene nada que perder y le aseguro que su rendimiento mejorará.