Ante la cada vez más frecuente utilización por parte de los clubes de tarjetas electrónicas en las competiciones, la RFEG establece los siguientes requisitos para la utilización de las mismas para la recogida de los resultados de los jugadores en competiciones oficiales:
1. Se debe mantener la misma filosofía que tienen las tarjetas físicas: un marcador anota los golpes del jugador y dispone de un lugar donde anotar los suyos propios.
2. Antes de entregar la tarjeta al Comité de la Prueba, los jugadores deben poder comprobar que los resultados anotados por el marcador y por el jugador, coinciden.
3. En caso de discordancia entre lo anotado por el marcador y el jugador, deberán llegar a un acuerdo sobre el resultado correcto y la tarjeta que contenga el error deberá ser corregida desde el dispositivo original. Es decir, el jugador no podrá bajo ningún concepto, corregir desde su dispositivo los golpes anotados por el marcador y viceversa.
4. Mientras se mantenga la discordancia en algún hoyo, habrá que acudir al comité de la prueba para aclarar dicha discordancia y poder validar la tarjeta .
5. La entrega de la tarjeta requiere de la validación tanto del jugador como del marcador (equivaldrá a la firma en una tarjeta física). En el momento de la validación se deberá avisar que este proceso inicia el proceso de entrega de la tarjeta y que una vez acabado el mismo, ni el marcador ni el jugador podrán cambiar los resultados anotados.
6. Una vez tanto el marcador como el jugador, validan la tarjeta esta se considerará entregada al Comité de la Prueba.
7. En caso de que se encuentre un error una vez entregada la tarjeta, la única posibilidad de corregirla será poniéndose en contacto con el Comité de la Prueba, el cual, independientemente de las acciones que deba de tomar de acuerdo a las Reglas de Golf y las Reglas del Sistema Mundial de Hándicaps, podrá corregir la tarjeta a través del programa de gestión de competiciones.
Además de lo anteriormente mencionado, los clubes que utilicen tarjeta electrónica para sus competiciones deberán tener en cuenta que:
La potestad de poder utilizar tarjetas electrónicas es del Comité de Competición que lo deberá incluir en las Condiciones de la Competición.
El club no puede imponer el uso obligatorio de la tarjeta electrónica a menos que disponga de dispositivos propios para que lo utilicen los jugadores que no quieran utilizar el suyo propio.
En cualquier caso y ante la posibilidad de que un jugador no pueda utilizar el dispositivo electrónico durante la vuelta (rotura, mal funcionamiento, agotamiento de la batería, etc) deberá disponer de tarjetas físicas, las cuales deberán entregarse a la manera tradicional (todos los resultados anotados y firmadas por marcador y jugador).
Los clubes deben cumplir con la obligación de mantener las tarjetas durante al menos un año. En el caso de las tarjetas electrónicas deberán mantener almacenadas de manera informática, tanto el resultado finalmente entregado, como el registro de la validación del marcador y del jugador (licencia del marcador, del jugador y marca temporal: fecha y hora con segundos) y si hubiera habido alguna modificación por parte del Comité de la Prueba posterior (usuario del club y marca temporal).
Al igual que con las tarjetas físicas, el Comité de la Prueba debe cumplir con el requisito del envío de los resultados en la misma fecha en que se jugaron.
Lo cierto es que cada vez en más torneos se usa la tarjeta electrónica, lo que permite un mejor control del torneo, tanto por los organizadores como por el resto de jugadores participantes.
No es lo mismo jugar a ciegas que saber exactamente lo que están haciendo tus compañeros competidores, ya sea para intentar ganar o quedar lo más alto en un torneo, como para intentar pasar un corte en un torneo de más de un día.
Otro factor a tener en cuenta es la información que proporciona a los jugadores y público en la Casa Club. Hemos estado presentes en torneos que se jugaban con tarjeta electrónica y casi siempre en la cafetería del club, una pantalla iba dando información de los resultados en vivo, lo que conseguía que los jugadores se quedaran hasta la entrega de trofeos y el consumo de comida y bebidas aumentara considerablemente.
La tarjeta electrónica ha venido para quedarse, lo que nos obliga a estar familiarizados con ella y dominar su funcionamiento, aunque aún haya algún jugador que en el tee del primer hoyo exija su tarjeta física. ¿Llegará el día en el que sea obligatorio su uso?
¿Has notado que al llegar a la última parte del recorrido tus resultados empeoran sin saber por qué? ¿Cuando ves tus estadísticas compruebas que en el último tercio de la vuelta los bogeys, doblatas o peores aparecen más a menudo que en los primeros hoyos? ¿Quieres solucionarlo? Nuestro Coach Mental de referencia Francisco González nos explica en este post por qué nos sucede esto y cuáles son las soluciones, para que aporta un concepto que son las herramientas biológicas.
Esperamos que os guste.
Herramientas biológicas de la condición mental en golf. Por Francisco González.
El golf es un deporte de larga duración e intensidad baja/moderada que, desde el punto de vista físico y fisiológico, requiere de actividad aeróbica regular (si se hace andando), movilidad del core, brazos y piernas así como de una adecuada eficiencia cardiovascular.
Qué requiere la función cognitiva
A lo largo de los años el golfista amateur, por término medio, ha ido desarrollando una mejor calidad técnica y física pero no ha reparado decisivamente en la necesidad de incorporar a su preparación deportiva el entrenamiento mental y, sobre todo, algo a lo que no le suele prestar mucha atención y que resulta fundamental: las herramientas biológicas de la condición mental.
El golf en general pero más aún el competitivo, cualquiera que sea su nivel, no exige al golfista amateur mucho desde la perspectiva metabólica pero sí que lo hace desde el punto de vista de la función cognitiva sostenida en donde la hidratación, la glucosa disponible y los electrolitos tienen mucho más impacto del que suele creerse.
Qué se está haciendo mal
En los últimos años algunos de mis alumnos y alumnas me han demandado una formación más exigente en sus habilidades mentales (concentración, foco, control emocional, capacidad de decisión y otras) para mejorar su rendimiento pero, al analizar sus planes de juego durante las vueltas competitivas, he podido convencerlos de que sus déficits competitivos no radicaban tanto en sus habilidades mentales como en una deficiente hidratación y nutrición perjudicial para sus capacidades cognitivas.
Una mayoría de golfistas amateurs, tanto en sus rondas sociales como competitivas, limitan su ingesta alimenticia a un poco de agua a lo largo del recorrido y a un refrigerio a mitad de la vuelta (café, leche, cerveza, refrescos de cola o frutas, bocadillos, bollería, y a veces un plátano) convencidos de que con ello pueden rendir adecuadamente. Nada más lejos de la realidad.
En el golf la caída cognitiva con este tipo de hábito produce: deshidratación, disminución progresiva o rápida de glucosa, fatiga del sistema nervioso y pérdida de sodio por agotamiento muscular, síntomas todos ellos cuyos efectos suponen una bajada del rendimiento y del buen juego, así como pérdida de las habilidades mentales que requiere el golf: la concentración, el control emocional, la lectura de los greenes, la coordinación fina, la paciencia, energía mental en los hoyos finales y la toma de decisiones.
Claves del rendimiento mental
No se trata de alimentarse para competir sino de mantener durante 4 o 5 horas: hidratación estable, glucosa cerebral constante, claridad mental, estabilidad neuromuscular y evitar tanto deshidratación como sobrehidratación para mantener, en el mejor nivel, las funciones cognitivas y las habilidades mentales.
A modo de sugerencia y simple consejo estas son algunas de las pautas generales que la medicina deportiva y la neurociencia deportiva sugieren para el mantenimiento de las funciones cognitivas en el golf.
Especialmente en los hoyos 1 a 6 pero también durante el resto de todos los hoyos: combinar el beber agua y agua con electrolitos (sodio, potasio, magnesio y glucosa) en pequeños sorbos. En los hoyos 7 a 9: aportar, además de la hidratación, pequeñas cantidades regulares de plátano o frutos secos naturales (sin sal). En los hoyos 10 a 12: hidratación, pequeño sándwich o fruta/nueces, café ligero. Muy importante, en los hoyos 14 a 18: dátiles o plátano y bebida con electrolitos.
En mi experiencia personal observo como bastantes golfistas amateurs se enfadan y se frustran cuando su rendimiento no es el que esperan o desearían, pero también puedo observar que, por lo general, esos mismos golfistas pueden hacer una vuelta completa de 18 hoyos prácticamente sin beber una sola gota de agua y sin comer alimento alguno o bien comiendo alimentos no adecuados para las funciones cognitivas.
Igual es el momento de replantearse algunos hábitos y costumbres y prestarle atención a la hidratación y nutrición que se consume. Puedo garantizarle que siguiendo las pautas que he expuesto no tiene nada que perder y le aseguro que su rendimiento mejorará.
Golf amateur frente a golf profesional. ¿Similitudes? ¿Diferencias? ¿Algo que copiar? Nuestro Coach Mental de referencia Francisco González, en este post compara ambos mundos y nos da unas claves .
Esperamos que os guste.
El golf amateur no debería imitar al golf profesional. Por Francisco González.
El golf es uno de los pocos deportes que puede practicarse desde la infancia hasta la vejez. La Organización Mundial de la Salud ha reconocido sus beneficios para la salud física y mental, y cualquiera que lo practique sabe que también es una escuela de relaciones además de fomentar el respeto, la tolerancia y la convivencia. En muchas familias, incluso, es el hilo invisible que las mantiene unidas.
Pero hay algo en la cultura del golf amateur que merece una reflexión.
Un mundo de millones que mira a unos pocos miles
En el planeta hay entre 66 y 70 millones de golfistas que juegan en campos de forma tradicional. Si sumamos los formatos alternativos (simuladores, Topgolf, campos de prácticas, etc.) la cifra supera los 100 millones de personas. Frente a ellos, se estima que existen entre 35.000 y 50.000 profesionales activos en todo el mundo. Sólo unos pocos compiten en circuitos de relevancia: el PGA Tour, DP World Tour, LIV, LPGA, LET, Asian Tour, Challenge Tour o el Alps Tour, entre otros.
Esto significa que los profesionales representan, como mucho, entre el 0,03 y el 0,05% de todos los jugadores de golf del planeta y, sin embargo, sobre ese 0,03 o 0,05% se establecen las normas y comportamientos del juego para todos los demás.
El modelo equivocado
La instrucción al amateur se orienta a enseñar e imitar el swing de los profesionales. Los contenidos en YouTube, TikTok, Instagram o los blogs especializados muestran y analizan el swing de los profesionales. La industria vende los productos que usan los profesionales. Las competiciones amateurs se organizan a imagen y semejanza de las profesionales. Y el nivel personal de juego se mide casi exclusivamente a través de resultados competitivos, como si fuera el único baremo válido.
Durante décadas, el golf amateur ha mirado al profesional no sólo con admiración, algo perfectamente comprensible, sino como el único modelo posible a seguir y… eso es un problema.
Porque el golf profesional y el golf amateur son mundos radicalmente distintos. Lo que funciona para alguien cuyo trabajo, identidad e ingresos dependen del resultado no tiene por qué ser el camino correcto para quien juega los fines de semana buscando algo más difícil de medir: disfrutar, crecer, conectar consigo mismo.
Competitividad y competición no son lo mismo
Aquí está, en mi opinión, la confusión más importante que arrastra el golf amateur.
La competitividad se orienta hacia dentro: es el deseo de mejorar constantemente, de superarse, de dar lo mejor de uno mismo independientemente del marcador.
La competición se orienta hacia fuera: es el resultado frente al otro, ganar o perder.
Ambas pueden coexistir y la competición no es necesariamente negativa. Puede ser un extraordinario instrumento de crecimiento personal cuando el resultado no eclipsa el proceso. La competición es saludable cuando está subordinada al desarrollo personal, no cuando se convierte en una obsesión por el resultado.
Los problemas surgen cuando el amateur adopta la lógica del profesional, donde el resultado lo es todo, olvidando que él juega en un contexto completamente diferente, con motivaciones distintas y con mucho más en juego que un cheque o un ranking.
El hándicap: herramienta o identidad
El hándicap es uno de los grandes inventos del golf pues permite que jugadores de distintos niveles compitan en igualdad de condiciones y fomenta la inclusión. En verdad es una herramienta extraordinaria, pero puede convertirse en una trampa.
Muchos amateurs terminan asociando su valor como jugadores, e incluso su valía personal, a un número y así el hándicap deja de ser un indicador funcional y se convierte en una etiqueta identitaria. Cuando eso ocurre cada ronda se convierte en un examen, cada bogey en una pequeña crisis de autoestima, cada error en una feroz y dramática autocrítica y entonces el respeto, la tolerancia y la convivencia se deterioran.
El adversario principal en el golf amateur no suele estar enfrente ni al lado. Está dentro de uno mismo.
Jugar al golf para crecer
El amateur puede aspirar a la excelencia sin quedar atrapado por la lógica del rendimiento profesional. En una época obsesionada con métricas, datos, resultados y comparación constante, esto podría ser, paradójicamente, una fortaleza.
El golf amateur tiene algo que el profesional no puede permitirse: libertad. Libertad para jugar sin que el resultado decida el valor personal. Libertad para disfrutar del proceso. Libertad para disfrutar con la compañía de otros. Libertad para usar cada ronda como una conversación con uno mismo.
Entendido así, el golf amateur no es una versión reducida o inferior del golf profesional. Es otra cosa. Es una escuela de carácter, una práctica de atención, un entrenamiento emocional, una experiencia para el crecimiento.
El amateur no fracasa por no jugar como un profesional. Fracasa cuando olvida por qué empezó a jugar.
Así que la pregunta que le propongo llevar al campo la próxima vez que salga no es «¿cuántos golpes voy a hacer hoy?». Es algo más interesante: ¿para qué juego yo al golf?
Si te decimos que en el golf lo que hay que controlar es la mente y no el resultado probablemente estarías de acuerdo con nosotros pero ¿y eso cómo se hace? Nuestro Coach Mental de referencia Francisco González, nos cuenta en este post todos los factores que entran en juego cuando pateamos y el por qué de su dificultad.
Esperamos que os guste.
La palabra «equilibrio» viene a significar calma, estabilidad y serenidad, cualidades claramente valiosas en el golf tanto competitivo como amateur pues, en ambos, las emociones pueden desbordarse e influir en las decisiones y los comportamientos del golfista.
El estoicismo busca el equilibrio emocional y el sosiego mediante el control de la propia mente y en la literatura mental de golf se pueden encontrar claras y directas referencias al mismo que aluden a no permitir que factores externos (que escapan a nuestro control) afecten a nuestra calma interior ni a nuestra forma de pensar, actuar y comportarnos.
El estoicismo aplicado al golf se mueve en dos niveles. El primero es filosófico: entender qué está dentro y qué fuera de tu control. El segundo es práctico: tener herramientas concretas para volver al centro cuando la emoción te arrastra. Veámoslo someramente.
Principios estoicos clave en el golf
La dicotomía del control es el principio más importante. Tal vez Marco Aurelio lo diría así: el viento, el lie, los rebotes, el resultado final, el juego de los demás… nada de eso te pertenece, NO controlas nada de todo ello.
Pero lo que sí controla el golfista es: la atención antes del golpe, la respiración, el lenguaje corporal, las decisiones, la actitud tras el error, y el compromiso con la rutina. Muchos jugadores sufren porque invierten energía emocional en lo primero en lugar de lo segundo.
El momento presente es donde “vive” el golpe. El bogey del hoyo anterior ya no existe. El hoyo 18 todavía no existe. Sólo existe el swing que hay que hacer en cada único momento y golpe. Los estoicos llamaban a esto hic et nunc (aquí y ahora) y la neurociencia deportiva moderna lo refuerza: la rumiación sobre errores pasados activa el mismo sistema de amenaza que el miedo, elevando cortisol en sangre y contrayendo la musculatura.
El reencuadre cognitivo es la herramienta estoica de supervivencia que consiste en cambiar conscientemente la perspectiva o interpretación de una situación frustrante o estresante. En el golf se trataría de transformar pensamientos negativos en enfoques más útiles, realistas y positivos para el rendimiento. En lugar de reaccionar emocionalmente a un mal golpe (ejem.: un triple bogey no es una catástrofe, es información), el reencuadre permitiría al golfista reinterpretar el evento para mantener la calma y el enfoque, fortaleciendo la resiliencia.
“Cada hoyo difícil se convierte en datos útiles en lugar de heridas emocionales”.
El golf como entrenamiento emocional
El golf puede verse como una práctica de autocontrol y autoconocimiento. Cada hoyo pone a prueba: la paciencia, la tolerancia a la frustración, la humildad, la disciplina, la capacidad de volver al presente. El objetivo no es “no sentir emociones”, sino: no quedar dominado por ellas, observarlas sin reaccionar impulsivamente, volver rápidamente al equilibrio.
“El equilibrio no es ausencia de emoción, es la capacidad de no perderse dentro de ella.”
Técnicas de entrenamiento mental para alcanzar el equilibrio
La respiración 4-6 (inhalar 4 segundos, exhalar 6 segundos) activa el sistema parasimpático en menos de 30 segundos. Es el «reset fisiológico» más accesible entre golpes, especialmente eficaz tras un error o ante un golpe de presión.
La rutina pre-golpe es el ancla conductual del equilibrio. No es superstición ni una mera creencia: es el mecanismo por el que el cuerpo reconoce que llega el momento de actuar, reduciendo la activación ansiosa y centrando la atención. Cuanto más automatizada, menos espacio para el diálogo interno negativo.
La aceptación que los estoicos identificaban como amor fati (amor al destino), esto es, aceptar y amar todo lo que sucede considerándolo necesario para el propio aprendizaje. Es el “reset mental” que se necesita cualquiera que haya sido la consecuencia del golpe, sea bueno o malo, sin euforia o dramatización. El siguiente golpe merece y necesita una menta fresca y nueva.
La visualización serena antes de jugar supone imaginar situaciones difíciles, verse reaccionando con calma, practicar mentalmente la compostura y la paciencia. Visualizaciones todas que conectan con una importante práctica estoica: anticipar dificultades para no ser sorprendido emocionalmente.
El diario de campo o journaling, que consiste en registrar detalles de las rondas y prácticas (golpes, sensaciones, mentalidad) combinando el análisis técnico con el mental para identificar patrones y hábitos, convirtiendo así la experiencia en aprendizaje a largo plazo y siendo la escritura a mano el método más recomendado. Marco Aurelio, Epicteto y Séneca a la cabeza, utilizaban el diario como un ejercicio de reflexión habitual enfocado en mejorar acciones y valores. Creo que la idea y el concepto de equilibrio debe ser la identidad del golfista que aspira a jugar su mejor golf más a menudo, no el golf perfecto de vez en cuando.
Una reflexión final: en el golf, como en la vida, no siempre elegimos lo que ocurre, pero sí que podemos elegir cómo responder a lo que sucede y ser quiénes queremos ser mientras ocurre.
El putt, ese golpe que nos lleva a la gloria en golf. Nuestro Coach Mental de referencia Francisco González, nos cuenta en este post todos los factores que entran en juego cuando pateamos y el por qué de su dificultad.
Esperamos que os guste.
Existe la creencia generalizada de que el putt es el golpe más sencillo del golf. En verdad no hace falta fuerza, ni potencia, ni máxima velocidad de la gestoforma y tampoco nos solicita un movimiento corporal intenso o extremo, menos aún nos demanda un esfuerzo físico evidente además de que la distancia que debe recorrer la bola no es muy grande.
En esencia el putt requiere de unas pocas habilidades que se pueden abarcar en:
Leer el green:
– Distancia
– Caída (izquierda/derecha por determinación visual o propioceptiva con los pies)
– Pendiente (hacia arriba/hacia abajo)
– Corte de la hierba (alto, medio o corto)
– Humedad o sequedad de la hierba
– Dirección de la hierba
Dirección:
– Fijación de un objetivo
– Determinación de una línea de recorrido de la bola
– Adecuada alineación del cuerpo
– Exacta orientación de la cara del putt al objetivo que es la que determina la
dirección inicial del golpe.
Velocidad:
– Control de la misma (no se trata de fuerza sino de la amplitud del arco del swing en función de la distancia)
– Igual tempo (para todas las amplitudes de swing)
No tan simple como parece
Como podrá observarse se trata de habilidades cognitivas que demandan una respuesta motora del cuerpo y que determinan un sistema complejo en el que cualquier error en cualquiera de los elementos que lo componen compromete el que la bola entre o no en el hoyo, de manera que esa aparente simplicidad del putt no es tan cierta y evidente pues puede convertirse en uno de los golpes más complejos del golf y ello no por mor de la técnica sino por el requerimiento de habilidades mentales.
El putt está íntimamente ligado a la toma de decisión y por eso es adecuado entender que se hace imprescindible el seguir los pasos que se necesitan para “pensar el golpe”. Rutina que podemos condensar en:
Observar para leer el green (mirar es enfocar, observar es estudiar). Decidir el objetivo. Visualizar el putt a ejecutar. Comprometerse con la línea y el objetivo. Enfocarse en el objetivo (técnica de Quiet Eye). Ejecutar libremente el golpe (sin pensamiento técnico confiando absolutamente en la velocidad y la decisión tomada). Aceptar sin juicio ni crítica el resultado.
El cerebro parte esencial de la ecuación
Pensar, concentrarse, tomar decisiones, analizar, enfocarse; todo ello depende sobremanera del cerebro, de modo que ,desde esta perspectiva, el golpe de putt nos va a exigir un alto grado de claridad mental que no sólo estará condicionada por la fatiga física sino también por factores combinados (energía, hidratación, carga cognitiva y enfoque).
Pero dicho todo esto también debe de entenderse, finalmente, que el putt no solamente es un golpe que se inserta en un sistema mental para la adecuada toma de decisiones sino que también es un sistema experiencial, pues sólo a través de la repetición de este modelo de rutina cada jugador individualmente puede ir almacenando las experiencias sensoriales que le permitirán afianzar, de manera inconsciente, la adecuada lectura, dirección y velocidad de los golpes de putt a los que tendrá que enfrentarse en el juego.
La semana pasada les ofrecíamos la primera parte de Pensar antes de ejecutar, en la que nuestro Coach Mental de referencia Francisco González, nos daba las claves para afrontar esos momentos de tensión previos a ejecutar los golpes.
En esta segunda entrega, además de pensar, damos un paso más y aprenderemos a pensar en más factores que la distancia que necesito por ejemplo para un determinado golpe o los errores mentales que destruyen la toma de decisiones.
Esperamos que os guste.
Termino con este post la importante atención que debe prestarse a la toma de decisiones durante el transcurso del juego haciéndolo con una propuesta de modelo mental. En el campo, el jugador no dispone de mucho tiempo para analizar una situación. La decisión debe ser rápida, clara y repetible. Un buen modelo mental permite tomar decisiones sólidas en pocos segundos sin entrar en un exceso de análisis.
El modelo simple puede reducirse a cinco preguntas muy dinámicas que todo golfista debería hacerse:
1. ¿Dónde está la zona segura?
Antes de pensar en la bandera o en el golpe ideal, el jugador debe identificar la zona amplia donde la bola puede terminar sin problemas. Puede ser el centro del green, el lado ancho de la calle o una zona corta y abierta.
2. ¿Cuál es el peligro que debo evitar?
Agua, fuera de límites, búnker profundo, grupo denso de árboles… El jugador debe identificar el lugar donde no quiere fallar.
3. ¿Qué tipo de golpe necesito?
No se trata sólo de distancia. El jugador debe imaginar la trayectoria: altura, curva y forma en que la bola aterrizará.
4. ¿Qué palo produce ese golpe con un swing normal?
La decisión se basa en el golpe imaginado, no en la tentación de forzar un palo.
5. ¿Estoy comprometido con esta decisión?
Si todavía hay duda, la decisión no está completa. El objetivo del proceso es eliminar la indecisión antes de colocarse sobre la bola.
Este proceso es consciente al principio, pero con la práctica rutinaria se vuelve automático. El jugador observa, responde a estas preguntas y la decisión aparece con rapidez.
Diagrama simple del proceso de decisión de un jugador sólido
El proceso mental de un jugador sólido suele seguir una secuencia muy clara:
Situación ?
Observación del entorno + Respiración ?
Identificación del peligro principal ?
Dónde está la zona segura ?
Elección de la zona objetivo ?
Qué tipo de golpe necesito ?
Visualización del golpe + Respiración ?
Selección del palo para el golpe decidido ?
Ensayo del golpe ?
Compromiso con la decisión + Foco externo/objetivo ?
Ejecución automática del golpe ?
Aceptación sin crítica ni análisis sea cual sea el resultado ?
La diferencia entre un jugador inconsistente y uno sólido no está en la complejidad del proceso, sino en la claridad de cada etapa. El jugador sólido no mezcla análisis y ejecución. Primero decide. Después juega.
Tres errores mentales que destruyen la toma de decisiones
Incluso con buena técnica, muchos jugadores toman malas decisiones por tres errores mentales muy comunes.
1. Pensar en el swing en lugar del golpe
Cuando la mente está ocupada con posiciones del cuerpo o detalles técnicos, la atención se aleja del objetivo. El cerebro intenta controlar el movimiento en lugar de producir un resultado.
En el campo, la pregunta útil no es “¿cómo debo mover el swing?”, sino:?“¿qué golpe quiero que produzca la bola?”
2. Apuntar a objetivos demasiado ambiciosos
Muchos errores estratégicos nacen del deseo de jugar el golpe perfecto. Atacar siempre la bandera, intentar pasar por espacios demasiado estrechos o intentar golpes que no forman parte del repertorio habitual del jugador.
Los buenos jugadores no siempre buscan el mejor golpe posible. Buscan el golpe con más margen de error.
3. Ejecutar con dudas
El peor momento para dudar es cuando el jugador ya está sobre la bola. Si la decisión no está completamente tomada, el cuerpo lo refleja en el swing: ritmo irregular, desaceleración o cambios de intención durante el movimiento.
Por eso, la calidad del golpe empieza antes del swing. Empieza en la claridad de la decisión. Una decisión clara produce un swing libre.?Una decisión dudosa produce un swing defensivo.
Espero poder animarles a enfrentarse al juego de esta manera. Tengan paciencia -un bien muy escaso hoy en día- este proceso y esta forma de entender el golf no sólo puede reducir sus resultados sino que también les hará más felices con su juego reduciendo la incertidumbre, la ansiedad y el estrés tan consustancial con el golf.