El desinterés por entrenar, sea el deporte que sea, siempre es preocupante. Si hablamos de desinterés por entrenar la faceta mental en golf, es sinónimo de problemas a gran escala.
Nuestro Coach Mental de referencia Francisco González nos explica en este post cómo evitar y cuáles son las causas de que aparezca esta apatía por entrenar algo que muchos entendidos lo ponen como más del 60% de nuestro juego.
Esperamos que os guste.
El desinterés por el entrenamiento mental. Por Francisco González.
¿Cuál es la razón o el motivo del desinterés general del golfista amateur por el entrenamiento mental?
Desde mi visión personal y después de casi diez años de dar y brindar ese entrenamiento e instrucción, creo haber encontrado una respuesta que supone una explicación más profunda que la simple idea de que una mayoría de amateurs no estén interesados en la psicología del golf, pues el problema no está en el valor que la misma pueda tener, sino en cómo el golfista amateur interpreta el problema que tiene.
Y estas son, para mi, algunas de las paradojas de ese aparente sin sentido.
El amateur sabe que lo mental importa… pero no lo considera entrenable.
Pregúntale a un golfista después de una vuelta qué le pasó en un hoyo concreto y te dirá: me puse nervioso, me enfadé, me precipité, pensé en el resultado… es decir, sabe perfectamente que tuvo un problema mental, pero cuando le propones entrenarlo su respuesta es: yo lo que necesito es mejorar mi swing.
El swing se percibe como una habilidad concreta, objetiva y legítima de entrenar. La atención, la gestión emocional, la autoconfianza, la toma de decisiones, la concentración, la rutina pre-shot o la aceptación del error se perciben muchas veces como algo intangible, casi sólo como una cuestión de “tener cabeza”.
Por tanto, el jugador no piensa: Tengo una carencia de habilidades psicológicas que debería entrenar, sino que piensa: tengo un problema con mi golf y busca una solución técnica.
Entrenar la mente obliga a asumir responsabilidad
Normalmente a todos nosotros nos resulta incómodo aceptar la propia responsabilidad. Si mi swing es malo, puedo decir: mi swing es malo. Si mi material no es bueno: necesito mejores palos. Si el campo está complicado: el campo estaba imposible. Si el viento era fuerte: hoy hacía demasiado viento.
Pero si hablamos de habilidades mentales, aparece una pregunta mucho más incómoda: ¿Qué estoy haciendo para remediar lo que está ocurriendo? y eso implica responsabilidad, no culpabilidad sino responsabilidad.
El viento no está bajo mi control. Un mal bote tampoco. El resultado tampoco completamente, pero sí puedo entrenar mi respuesta ante esas y otras muchas cuestiones. Todo eso es intelectualmente muy sencillo, pero psicológicamente bastante más exigente.
El amateur no percibe el coste de sus errores mentales
Probablemente ningún jugador amateur calcula cuánto le ha costado un error mental. Imaginemos a un jugador hándicap 18 que pierde: un golpe por una mala decisión; otro por precipitarse después de un error; otro por intentar recuperar inmediatamente; otro por desconectarse después de un doble bogey; otro por perder la concentración en un putt; otro por enfadarse e insultarse por tirar una bola al agua.
Serían seis golpes. Sin embargo, probablemente salga del campo diciendo: tengo que mejorar el approach. Es decir, no existe una contabilidad mental del coste de las decisiones y emociones. Y lo que no se mide tiende a infravalorarse.
Puede que los amateurs no es que no quieran entrenamiento mental es que no saben que lo necesitan.
Y verdaderamente se trata de cuestiones muy diferentes. Si alguien no conoce una necesidad, no la busca. Un golfista puede buscar: profesor de swing; fitting de palos y bolas?; clases; preparación física; material; análisis de TrackMan; vídeos; drills y ejercicios… y todo ello porque el ecosistema del golf le ha enseñado que esas cosas mejoran su juego, pero ¿Quién le ha enseñado sistemáticamente que también puede entrenar la respuesta emocional después de un mal golpe? ¿Quién le ha explicado que la concentración no es una cualidad que “se tiene o no se tiene” sino una habilidad que puede entrenarse? ¿Quién le ha enseñado que una rutina pre-shot es una herramienta de autorregulación? ¿Quién le ha demostrado cuánto le cuestan en golpes sus pensamientos durante una vuelta?
Es mi opinión personal y experiencial. Creo sinceramente que el golfista amateur debería llegar a una conclusión importante: necesito entrenar mentalmente si quiero mejorar.
Hasta el próximo post.
Francisco González
www.golfmentalcoaching.com

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